“Historias que dan miedo”: alumnos de Jujuy transforman experiencias de bullying y vulneración en una herramienta para ayudar a otros jóvenes
La profesora Rebeca Juárez explicó cómo creció el proyecto nacido en el Bachillerato Provincial N° 2 y anticipó la impresión de otros 300 ejemplares. Los relatos abordan situaciones atravesadas por estudiantes y buscan generar espacios de escucha, contención y acompañamiento. “El menor no tiene que revictimizarse ni volver a contar su historia”, destacó.
Un proyecto surgido en las aulas del Bachillerato Provincial N° 2 de Jujuy continúa creciendo a partir de las experiencias de sus propios estudiantes. Se trata de “Historias que dan miedo”, una iniciativa que transforma situaciones difíciles atravesadas por adolescentes en relatos que buscan abrir espacios de escucha y, al mismo tiempo, ayudar a otros jóvenes que atraviesan circunstancias similares.
En diálogo con el periodista Juan Quispe del diario Urgente Jujuy, la profesora Rebeca Juárez, impulsora del proyecto y coordinadora de la Oficina de Escucha y Protección ante casos de bullying y grooming, explicó que se encuentran próximos a concretar la impresión de otros 300 libros, mientras la experiencia iniciada junto a docentes y alumnos del establecimiento continúa ampliándose.
El nombre del proyecto, explicó, encierra un mensaje dirigido principalmente a los adultos.
“Se llaman ‘Historias que dan miedo’ porque a los grandes les da miedo escuchar que a veces nos podemos equivocar. Entonces, desafortunadamente, no escuchamos a los chicos”.
Juárez sostuvo que uno de los principales objetivos es precisamente darles voz a los adolescentes y generar las condiciones para que puedan contar aquello que están atravesando.
“Que los chicos tengan voz y que se escuchen los problemas que ellos atraviesan, las difíciles situaciones, y así poder ayudarlos”, expresó.
Realidades familiares muy diferentes
La docente señaló que las situaciones de los estudiantes son heterogéneas. Mientras algunos cuentan con un fuerte acompañamiento familiar, otros han atravesado vulneraciones de derechos dentro de su propio entorno y también existen jóvenes que directamente no cuentan con una familia que pueda contenerlos.
Según explicó, la posibilidad de hablar sobre esas experiencias produjo otro fenómeno: algunos de los adolescentes que fueron acompañados comenzaron posteriormente a convertirse en referentes y contención para otros jóvenes.
“Ahora ellos son contenedores de otros chicos que, al escuchar sus historias, al leer sus historias, se animan a hablar y así nos podemos ayudar”, señaló.
El proyecto también incorporó una dimensión educativa. Juárez indicó que la experiencia se encuentra enmarcada en el Plan de Alfabetización de la Provincia y que los estudiantes que desean continuar como voluntarios y promotores deben mantener aprobadas sus materias.
“Luego que logramos activar los protocolos, atenderlos, protegerlos y ellos sanar sus heridas, para continuar y ser voluntarios, promotores en el proyecto, deben tener todas las materias aprobadas”, explicó.
Bullying: escuchar también a quien agrede
Uno de los aspectos que destacó Juárez es el abordaje de las dos partes involucradas en una situación de bullying.
Algunos de los relatos reconstruyen una misma experiencia desde la mirada del estudiante que sufrió el acoso y desde la del joven que ejerció la agresión.
Para la docente, la intervención no debería limitarse exclusivamente a quien fue víctima.
“El estudiante, el joven, no ataca por sí mismo, sino porque tiene un dolor que es muy pesado y por eso agrede. Así que no nos ocupamos de uno de los chicos, sino de ambas partes”, explicó.
Entre las historias también mencionó la de un joven que llegó a vivir en un descampado y que, después de años de acompañamiento y participación en diferentes actividades, actualmente cuenta con una vivienda y dos títulos habilitantes. Hoy, aseguró Juárez, ese mismo joven colabora activamente con el proyecto.
Una oficina para evitar que los chicos tengan que contar una y otra vez lo ocurrido
Durante la entrevista, Juárez también se refirió al funcionamiento de la Oficina de Protección y Escucha ante situaciones de grooming y bullying y al mecanismo utilizado cuando un adolescente pide ayuda.
Explicó que trabajan mediante una red para activar los protocolos correspondientes y canalizar las intervenciones institucionales.
Durante la Fiesta Nacional de los Estudiantes, según relató, los jóvenes pudieron acceder mediante un código al número de contacto de la oficina. A partir de esa primera comunicación, el objetivo es que sean los propios equipos quienes articulen las actuaciones necesarias.
Juárez remarcó especialmente un principio: evitar la revictimización del niño o adolescente obligándolo a repetir sucesivamente aquello que le ocurrió ante diferentes organismos.
“Una vez que se comunican, nosotros nos encargamos de todo. El menor no tiene que revictimizarse ni volver a contar su historia. Por eso es un espacio de escucha segura. Nosotros nos ocupamos de protegerlos”.
De esta manera, aquella experiencia que comenzó dentro del Bachillerato Provincial N° 2 con docentes y estudiantes fue ampliando su alcance. Con una nueva impresión de 300 ejemplares de “Historias que dan miedo”, sus impulsores buscan que los testimonios no permanezcan únicamente como relatos personales, sino que permitan que otros adolescentes puedan identificar situaciones de violencia, animarse a hablar y encontrar una red de acompañamiento.








