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¿Sadiristas y/o Moralistas?
Por Juan Quispe – Diario Urgente Jujuy
Cada día parece hacerse más visible —aunque sea, en parte, una percepción compartida en distintos ámbitos políticos y mía— cierta grieta entre el actual gobernador de Jujuy, Carlos Sadir, y su antecesor, Gerardo Morales. En los pasillos de la política provincial el tema se comenta con frecuencia, y muchos hablan de una dinámica particular en la conducción del poder: una especie de gobierno que convive, al mismo tiempo, con una estructura de cogobierno.
De cara a la opinión pública, el discurso institucional muestra unidad y continuidad política. Sin embargo, diversas situaciones parecen reflejar matices distintos puertas adentro. Si bien los jujeños eligieron democráticamente a Carlos Sadir para conducir la provincia, hay quienes sostienen —muchas veces en voz baja— que dentro de la propia estructura gubernamental aún existen sectores que mantienen una fuerte referencia y apoyo político con el ex gobernador Morales. Tal vez estemos equivocados, pero es una impresión que muchos tenemos o así pensamos en nuestro interior.
La reciente tensión entre sectores de la Policía y el Estado provincial volvió a poner en el centro del debate estas percepciones. El conflicto, que comenzó tras el anuncio de un incremento salarial para la plana mayor que luego fue dejado sin efecto, derivó posteriormente en reclamos salariales y en manifestaciones que, en su punto más álgido, incluyeron que un grupo derribara una reja del frente de la Casa de Gobierno y la quema de neumáticos.
En ese contexto, llamó la atención la soledad política que pareció enfrentar el ministro de Hacienda en medio de la crisis. Más aún teniendo en cuenta que el gobernador Sadir se encontraba fuera del país, en una misión oficial en Estados Unidos con el objetivo de atraer inversiones que generen empleo para la provincia.
Durante las horas más tensas del conflicto, los mensajes oficiales se limitaron principalmente a comunicados difundidos a través de los canales institucionales del gobierno. Sin embargo, no se observaron apariciones públicas de otros ministros o funcionarios del gabinete que acompañaran de manera visible la gestión política del momento, algo que muchos esperaban como gesto de respaldo institucional.
Es cierto que las internas forman parte de la dinámica de casi todos los espacios políticos. No es una realidad exclusiva de Jujuy. Sin embargo, cuando estas tensiones coinciden con conflictos sociales o institucionales, pueden generar incertidumbre en una provincia que aún se encuentra en proceso de consolidar una matriz económica capaz de sostener su desarrollo de manera más autónoma.
En ese escenario, también aparece otro riesgo: que actores políticos o sectores interesados en el desgaste institucional busquen aprovechar los momentos de crisis para fogonear el caos o intentar desestabilizar el orden democrático. La historia reciente del país demuestra que, cuando el conflicto social se mezcla con disputas políticas, los más perjudicados suelen ser siempre los ciudadanos.
Por eso, más allá de las diferencias legítimas y de los reclamos que muchas veces resultan justos, el desafío sigue siendo preservar los valores básicos de la convivencia democrática: el respeto, la institucionalidad y el diálogo.
Si algo no funciona o no convence, es el pueblo quien tiene la última palabra a través de las urnas. Así funciona la democracia.
En tiempos donde los valores parecen relativizarse con facilidad, ojalá quienes aún creen en ellos puedan aportar responsabilidad y sensatez para que Jujuy continúe transitando su camino con estabilidad.
Porque cuando las tensiones pasan, lo que queda es la provincia, su gente y el futuro que entre todos debemos construir.
Si bien muchos reclamos son totalmente justos, no hay que olvidar que los zánganos aprovechan ciertas situaciones, para hacer de las suyas.
Que Dios nos ayude a vivir en un Jujuy mejor y nos libre del mal.
Por Juan Quispe, del diario Urgente Jujuy








