Gran parte de la población jujeña cree imposible tener una vivienda del estado provincial o poder comprar una casa en el privado
En una recopilación realizada de publicaciones periodísticas, entrevistas e informes del Instituto de viviendas y Urbanismo de Jujuy, sumado a los comentarios en redes sobre lo que se piensa de la entrega de viviendas en Jujuy, dejaron como resultante, una frustración de muchos jujeños anotados para tener su casa propia.
"Hace 20 años que esperé por la vivienda. Me anoté, e hice todo lo que había que hacer. Mis hijos ya crecieron y núnca lo logré", decían algunos mensajes en nuestro medio. Otros indicaban cierta desconfianza a modo de entrega o que eran muy pocos los que lograban ante una gran demanda actual.
El mismo presidente del Ivuj, indicó que es impresionante la cantidad de personas que se han anotado para las viviendas de Alto Comedero, dónde se habían inscriptos casi 4 mil personas y el cupo sólo era para 280.
Pero esto no viene desde ahora, viene desde hace años. Para algunos una baja de la tasa en los bancos y una seguridad de que no exista una crisis financiera en el país, podría dar un paso de confianza para avanzar por este espacio, pero hasta el momento, habría que esperar porque son cosas que Argentina todavía no ha tenido en años.
La opinión pública en Jujuy sobre si podrán conseguir una vivienda provista por el Estado es ambivalente y atraviesa tres sentimientos predominantes: esperanza, frustración y desconfianza. Por un lado, muchos vecinos valoran la continuidad de programas provinciales y los sorteos públicos (IVUJ) como vías reales para acceder a una casa —hay comunicados oficiales, listados de inscriptos y sorteos activos que alimentan expectativas—.
ivuj.gob.ar
Sin embargo, existe una sensación extendida de frustración por la creciente demanda y la percepción de que los recursos son insuficientes: periodistas y actores sociales advierten que la falta de financiamiento nacional y la expansión del mercado inmobiliario hacen a la vivienda cada vez menos accesible para sectores populares. Esto alimenta la sensación de que, aunque los programas existan, no alcanzan a cubrir la demanda real.
La desconfianza es otra respuesta importante: casos nacionales y locales vinculados a problemas administrativos, y denuncias sobre sorteos o irregularidades (proyectos inconclusos o ventas) como los casos de las toma de viviendas, o viviendas que no se pueden ocupar por cuestiones que no se han resuelto, entre otras, refuerzan recelos sobre la transparencia y la efectividad de algunas soluciones estatales. Esto lleva a que muchas familias prefieran esperar o buscar alternativas privadas/solidarias, pero desde la mirada casi imposible de poder pagarlas con los créditos actuales.
En paralelo, hay testimonios positivos de beneficiarios y publicaciones oficiales que muestran entregas y licitaciones (pequeños avances concretos), lo que mantiene viva la expectativa entre quienes ya están inscriptos o participan de cupos específicos (salud, interior, etc.).
Al paso de los años, los terrenos se han encarecido a tal punto que para muchos se hace imposible acceder y si se logra acceder al mismo, la construcción redobla la apuesta para terminar el sueño de la casa propia.
Los sueldos en Jujuy aún se mantienen en un promedio que hace imposible poder lograr este deseo dónde se antepone la comida, la vestimenta y el diario vivir.
La población percibe oportunidades reales pero insuficientes: la posibilidad existe, especialmente si uno está inscripto y cumple requisitos, pero la probabilidad percibida de resultar adjudicatario es baja por la alta demanda y limitaciones presupuestarias.









