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Hay muchos chicos jujeños que decidieron dejar de ir al colegio y sus padres los avalan. Y no es por falta de dinero es por falta de interés
Desinterés escolar: una alerta silenciosa que crece en las aulas jujeñas
Por Juan Quispe – Diario Urgente Jujuy
En el marco de un trabajo periodístico sostenido en el tiempo, el periodista Juan Quispe, del diario Urgente Jujuy, relevó información en distintos establecimientos educativos de la provincia y detectó un dato que enciende señales de alarma: existe un promedio aproximado del 10% de alumnos que han dejado de concurrir a clases por motivos vinculados al desinterés.
Lo más preocupante del fenómeno no radica únicamente en la cifra, sino en las características de estos casos. Según pudo constatarse, se trata en su mayoría de estudiantes que habían logrado promocionar de curso y contaban con su matrícula en regla. Sin embargo, pese a los reiterados intentos de las instituciones —a través de directivos y docentes— por restablecer el vínculo con los alumnos, fueron los propios padres quienes confirmaron que no enviarían a sus hijos a la escuela, argumentando que “no quieren ir” y que evaluarán retomar la escolaridad el año siguiente.
Este escenario deja al descubierto una problemática que se suma a las ya conocidas causas de deserción escolar, como las dificultades económicas, los conflictos familiares o situaciones de vulnerabilidad social. Aquí, en cambio, el factor predominante es la falta de interés, una variable más compleja de abordar y que interpela de lleno tanto al sistema educativo como al núcleo familiar.
Se trata de un relato real, concreto, que duele. Y que obliga a preguntarse qué está fallando. Porque detrás de cada alumno que abandona —aunque sea temporalmente— hay un futuro que se debilita. La educación no solo es un derecho, sino también una herramienta fundamental para la construcción de ciudadanía y de un país con oportunidades.
Desde las instituciones educativas, algunos testimonios reflejan una profunda preocupación: se naturaliza la pérdida de un año escolar como si no tuviera consecuencias. Y en muchos de estos casos, según remarcan, no se trata de familias atravesadas por dificultades económicas extremas, sino de situaciones donde pareciera diluirse la autoridad o el acompañamiento adulto en decisiones clave.
A su vez, emerge otra inquietud: muchos de estos jóvenes, al observar el contexto actual de los adultos —marcado por la incertidumbre, la precariedad o la frustración— no encuentran motivación ni sentido en el esfuerzo educativo. La escuela deja de ser vista como una herramienta de progreso y pasa a ocupar un lugar secundario, prescindible.
Las interpretaciones son diversas. Algunos sectores señalan una crisis en el ejercicio de la autoridad dentro de las familias; otros advierten sobre el impacto creciente de los contenidos digitales y redes sociales, que influyen en los hábitos, la concentración y la capacidad crítica de las nuevas generaciones.
Lo cierto es que el problema está presente y crece en silencio. No ocupa grandes titulares ni genera debates masivos, pero avanza en las aulas y en los hogares. Y como toda problemática estructural, requiere ser abordada con seriedad, responsabilidad y compromiso conjunto.
De esta manera, deja un dato alarmante, sumado a la deserción escolar por cuestiones económicas, crisis familiares u otras temáticas presentes.
En algunos testimonios y charlas, lo que se menciona por parte de la institución, es la preocupación por perder un año como si nada, sabiendo que en esos casos particulares la economía no es el problema y que los padres no tengan la autoridad para poder ejercer un control sobre sus hijos.
Porque cuando un chico deja la escuela por desinterés, no es solo una decisión individual: es un síntoma. Y como tal, necesita ser entendido, atendido y, sobre todo, revertido.









