Desde el diario Urgente Jujuy observamos con creciente preocupación la falta de avances concretos en el desarrollo de las sesiones ordinarias de la Legislatura provincial. Si bien es cierto que comienzan a definirse comisiones y se registran algunas reuniones preliminares, el punto central del debate sigue sin resolverse: los ciudadanos eligieron a sus representantes para legislar, debatir y sesionar de manera regular, no para dilatar tiempos ni postergar responsabilidades.
En las últimas semanas han ingresado al recinto diversos proyectos que revisten importancia y requieren tratamiento urgente. Desde pedidos de informes —herramientas clave para garantizar transparencia— hasta iniciativas de carácter declarativo que buscan dar respuesta a distintas demandas sociales. Sin embargo, todos ellos permanecen a la espera de un debate que no llega.
La realidad de Jujuy no admite pausas. Semana tras semana, distintos sectores de la sociedad salen a manifestarse, visibilizando problemáticas que necesitan respuestas políticas concretas. En ese contexto, una Legislatura que no sesiona con regularidad corre el riesgo de perder su esencia y su razón de ser: ser el ámbito donde se discuten y se construyen soluciones para la ciudadanía.
Resulta inevitable trazar una comparación con cualquier trabajador. En el ámbito privado, el día no trabajado suele implicar la pérdida del ingreso e incluso la estabilidad laboral. En el sector público, rige el principio de “día no trabajado, día no pagado”. Entonces, cabe preguntarse: ¿por qué esta lógica no parece aplicarse con la misma rigurosidad a quienes ocupan bancas legislativas?
Aún atravesamos un contexto en el que las mejoras económicas no alcanzan a todos los sectores. Por ello, es imprescindible que los tres poderes del Estado funcionen con responsabilidad y compromiso. La provincia necesita dinamismo, debate y decisiones, no volver a esquemas que la sociedad ya ha cuestionado: legisladores que sólo levantan la mano, que ocupan una banca sin participación activa o que transforman el recinto en un espacio de presencia simbólica más que de trabajo real.
Ser diputado no es un privilegio ni un premio: es un servicio público que exige dedicación, compromiso y resultados. La ciudadanía no vota figuras decorativas, vota representantes.
Ojalá que las sesiones ordinarias vuelvan a ocupar el lugar central que nunca debieron perder. Porque cuando la Legislatura se detiene, lo que se frena no es la política: es la respuesta a la gente.
Por Juan Quispe
Periodista – Diario digital Urgente Jujuy