Un informe oficial de la DiPEC, elaborado con datos del Registro Civil de Jujuy, registró 760 divorcios vinculados durante 2024, frente a los 438 contabilizados en 2023. El incremento fue del 73,5%, mientras que la cantidad de matrimonios mostró una leve disminución. Los números abren interrogantes sobre los cambios que atraviesan las parejas y las familias jujeñas.
Por Juan Quispe – Urgente Jujuy
Las familias cambian, las relaciones también y los números comienzan a mostrar una transformación que merece ser observada en Jujuy. Durante 2024 se registraron oficialmente 760 divorcios vinculados en la provincia, una cifra considerablemente superior a la del año anterior.
Los datos surgen del Anuario Estadístico 2024 de la Dirección Provincial de Estadística y Censos (DiPEC) y fueron elaborados sobre información de la Dirección General del Registro Civil de Jujuy. El organismo contabilizó, además, 61 ceses de uniones convivenciales durante ese año.
La comparación con 2023 resulta significativa: aquel año se habían registrado 438 divorcios, mientras que en 2024 fueron 760. La diferencia representa 322 divorcios más y un incremento del 73,5% interanual.
Mientras aumentaron los divorcios, hubo menos matrimonios
Los registros permiten observar otro fenómeno. En 2023 se habían celebrado 1.698 matrimonios en Jujuy, mientras que durante 2024 fueron 1.677, es decir, 21 menos.
La disminución de los casamientos fue pequeña —alrededor del 1,2%— y por sí sola no permite hablar de una caída pronunciada del matrimonio. El cambio mucho más marcado estuvo en las disoluciones registradas: 438 divorcios en 2023 frente a 760 en 2024.
Sin embargo, existe una aclaración indispensable: no es correcto afirmar que 760 de los 1.677 matrimonios celebrados en 2024 terminaron en divorcio. Son poblaciones diferentes. Quienes se divorciaron durante ese año pudieron haberse casado muchos años antes.
Por esa razón, la comparación sirve para mostrar el volumen de matrimonios y divorcios registrados durante un mismo período, pero no permite calcular qué porcentaje de las parejas que se casan terminará separándose.
¿Por qué aumentaron tanto los divorcios?
Los datos oficiales permiten comprobar el incremento, pero no explican sus causas.
El Anuario de la DiPEC no determina si las separaciones estuvieron relacionadas con dificultades económicas, conflictos familiares, infidelidades, violencia, cambios culturales, problemas de convivencia u otros factores. Atribuir el crecimiento a una causa determinada requeriría otro tipo de investigación.
Ese punto abre justamente una pregunta periodística relevante: ¿qué está pasando con las parejas jujeñas?
Para establecer qué hay detrás del fuerte aumento registrado en 2024 sería necesario incorporar otras miradas: especialistas en Derecho de Familia, psicólogos, trabajadores sociales y, especialmente, información del Poder Judicial sobre las características de los procesos que llegan a los tribunales.
El divorcio también reorganiza una familia
La finalización de un matrimonio no necesariamente implica la desaparición de una familia, especialmente cuando existen hijos.
En esos casos comienza otra etapa: organización del cuidado cotidiano, alimentos, vivienda, educación, salud, régimen de comunicación y distribución de responsabilidades entre los progenitores.
Este aspecto adquiere todavía mayor importancia cuando se analiza junto con otro indicador recientemente difundido en Jujuy: la Canasta de Crianza, que permite dimensionar económicamente cuánto cuesta sostener y cuidar a niños de diferentes edades.
Por eso, detrás de una sentencia de divorcio pueden continuar durante años vínculos y obligaciones entre los adultos respecto de sus hijos.
Un dato de la DiPEC que necesita ser explicado
El Anuario muestra los 760 divorcios vinculados dentro del departamento Dr. Manuel Belgrano, pero esto tampoco significa que todos los divorcios de la provincia hayan correspondido a habitantes de esa jurisdicción.
La propia DiPEC realiza una aclaración metodológica fundamental: el trámite de divorcio vinculado se realiza únicamente en el Registro Civil Central. Esa particularidad administrativa explica la concentración del registro.
En cambio, los 61 ceses de uniones convivenciales aparecen distribuidos entre distintos departamentos de la provincia.
Una fotografía de 2024, no necesariamente de 2026
También es importante establecer el período del dato. Las 760 inscripciones corresponden a 2024 y no representan la cantidad de divorcios que se están produciendo actualmente en 2026.
Hasta el momento, la sección de anuarios de la DiPEC tiene publicado como último informe provincial el Anuario Estadístico 2024, además de las ediciones correspondientes a años anteriores.
Por eso, queda una pregunta pendiente que podría resultar incluso más importante: ¿la tendencia continuó durante 2025 y 2026 o el fuerte incremento de 2024 fue excepcional?
Los datos disponibles todavía no permiten responderlo.
Lo que sí permiten afirmar es que Jujuy pasó de registrar 438 divorcios en 2023 a 760 en 2024, un crecimiento superior al 73% en apenas un año.
Detrás de esa estadística existen cientos de historias familiares diferentes. Conocer por qué aumentaron las rupturas, qué conflictos aparecen después de las separaciones y cómo repercuten en los hijos será el siguiente paso para comprender qué está ocurriendo con las familias jujeñas.
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La Canasta de Crianza de la DiPEC muestra que sostener económicamente a un niño puede demandar entre $547 mil y $691 mil mensuales, según la edad. El indicador no contempla solamente alimentos, ropa o educación: también le pone un valor al tiempo que requiere cuidar. La situación adquiere otra dimensión cuando la crianza cotidiana y la generación de ingresos recaen principalmente sobre una sola persona.
El periodista Juan Quispe del diario Urgente Jujuy, analizó algunos puntos tras los datos brindados por la Dipec. Criar también es trabajar. Preparar la comida, llevar a los chicos a la escuela, acompañarlos al médico, ayudarlos con sus tareas, organizar horarios, limpiar, comprar alimentos y permanecer disponible cuando necesitan atención son actividades que consumen tiempo, aunque buena parte de ellas no genere un salario.
La dimensión económica de esa tarea comenzó a quedar reflejada en un indicador que la Dirección Provincial de Estadística y Censos (DiPEC) publica mensualmente para Jujuy: la Canasta de Crianza de la primera infancia, la niñez y la adolescencia. La medición contempla a niños desde menos de un año hasta los 12 años y estima tanto los bienes y servicios necesarios como el costo asociado al cuidado.
De acuerdo con los valores correspondientes a agosto de 2026, criar a un niño menor de un año demandó aproximadamente $547.538 mensuales; entre 1 y 3 años, $650.342; entre 4 y 5 años, $553.353; y entre 6 y 12 años, el costo alcanzó aproximadamente $691.173 por mes.
La cifra más alta representa casi $23.000 diarios destinados directa o indirectamente a sostener la crianza.
El costo que no aparece en el ticket del supermercado
Uno de los aspectos centrales del indicador es que no se limita a calcular cuánto cuestan los alimentos, la vestimenta, la vivienda, el transporte o determinados servicios.
También intenta responder otra pregunta: ¿cuánto vale el tiempo necesario para cuidar a un hijo?
La metodología de la Canasta de Crianza diferencia el costo de bienes y servicios del costo del cuidado. Para este último se consideran las horas requeridas para atender a niños y adolescentes y se les asigna un valor económico.
Esto permite visualizar una parte de la economía familiar que durante años permaneció prácticamente invisible.
Quedarse en casa cuando un hijo está enfermo, cocinarle, acompañarlo a una consulta médica, llevarlo y retirarlo de la escuela o dedicar parte de la tarde a sus necesidades tiene un costo de oportunidad, aunque no exista una factura que lo registre.
Y cuando esas horas impiden trabajar más tiempo, aceptar determinados empleos o realizar horas extras, el cuidado también puede tener consecuencias sobre los ingresos familiares.
¿Qué ocurre cuando hay un solo adulto sosteniendo el hogar?
El escenario puede ser particularmente complejo en hogares en los que una sola persona concentra buena parte de la crianza cotidiana.
Una madre o un padre que vive con sus hijos no solamente debe conseguir los recursos necesarios para sostenerlos. También necesita resolver quién los cuida mientras trabaja.
Allí aparece una verdadera tensión económica: trabajar permite generar ingresos, pero hacerlo puede obligar a recurrir a familiares, jardines, instituciones o personas contratadas para el cuidado.
Como referencia del valor laboral de esa tarea, la escala nacional vigente desde agosto de 2026 establece para el personal de cuidado de personas una remuneración mensual mínima de $529.261,78 con retiro y $584.936,09 sin retiro para personal mensualizado.
No significa que todas las familias gasten esa cantidad en cuidadores. Muchas resuelven el cuidado mediante organización familiar, abuelos, hermanos, escuelas u otras redes. Pero el dato permite dimensionar económicamente una tarea que, cuando se realiza dentro del hogar, muchas veces no es contabilizada como trabajo.
Criar mientras también hay que trabajar
La problemática adquiere todavía mayor relevancia cuando se observa la economía general de un hogar jujeño.
En agosto, una familia tipo de cuatro integrantes necesitó $1.519.291 mensuales para alcanzar la Canasta Básica Total en Jujuy, mientras que solamente para cubrir la Canasta Básica Alimentaria necesitó $688.279.
Son indicadores diferentes y no deben sumarse directamente: la Canasta Básica mide las necesidades económicas del hogar, mientras que la Canasta de Crianza busca estimar específicamente el costo asociado a criar y cuidar a niños según su edad.
Pero observados conjuntamente muestran la presión que existe sobre el presupuesto familiar.
También ayudan a comprender por qué el debate sobre la crianza no puede reducirse solamente a preguntarse cuánto dinero entra en una casa.
Importa también cuántas horas trabajan los adultos, quién permanece con los chicos durante esas horas y cómo se distribuyen las responsabilidades dentro de la familia.
El trabajo de cuidado sigue teniendo un fuerte componente no remunerado
Los estudios nacionales disponibles muestran además que las tareas domésticas y de cuidado no remuneradas no se distribuyen de manera uniforme.
Entre esas actividades se encuentran cocinar, limpiar, realizar compras y trámites, ayudar con las tareas escolares y cuidar niños, adultos mayores, personas enfermas o con discapacidad. El Estado nacional señala que una mayor carga de estas actividades reduce el tiempo disponible para trabajar, estudiar y desarrollar otras actividades.
Un estudio nacional de Economía, Igualdad y Género estimó que el 75,7% del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado era realizado por mujeres. Se trata de una medición anterior —por lo que no corresponde presentarla como fotografía exacta de Jujuy en 2026—, pero permite comprender una desigualdad estructural que dio origen a buena parte del debate sobre la economía de los cuidados.
¿Y cuando los padres están separados?
La Canasta de Crianza también adquiere importancia cuando una pareja se separa.
El costo de criar a un hijo no desaparece con la ruptura del vínculo entre los adultos. Continúan la alimentación, vivienda, educación, vestimenta, transporte, salud y, además, las horas de cuidado.
Por eso, mirar solamente cuánto dinero aporta cada progenitor puede ofrecer una imagen incompleta si no se considera también quién dedica tiempo cotidiano al cuidado.
La canasta tampoco significa que automáticamente un progenitor deba pagar, por ejemplo, $691.173 de cuota alimentaria porque tenga un hijo de entre 6 y 12 años. Es un indicador del costo de crianza, no una cuota individual fijada automáticamente para todos los casos.
Su utilización debe analizarse dentro de cada situación concreta.
Precisamente este mes la DiPEC llevó la información sobre la Canasta de Crianza a una mesa provincial sobre cuidados, de la que participaron representantes de la UNJu, Poder Legislativo y Ejecutivo, Ministerio Público de la Acusación, Ministerio Público de la Defensa y otros organismos y organizaciones. Allí se planteó la importancia de difundir el indicador e incorporarlo a capacitaciones destinadas, entre otros, al Poder Judicial y los Ministerios Públicos.
Una discusión que va más allá del dinero
Los números permiten ponerle dimensión económica a algo que ocurre todos los días dentro de miles de hogares jujeños.
Detrás de los $547 mil, $650 mil o $691 mil hay alimentos y ropa, pero también horas.
Horas para llevar a un hijo a la escuela. Para cocinar. Para ayudarlo a estudiar. Para acompañarlo cuando está enfermo. Para escucharlo. Para cuidarlo mientras otro adulto trabaja.
Y cuando existe un único adulto que concentra esas obligaciones, el desafío puede ser doble: conseguir los ingresos necesarios y, al mismo tiempo, disponer del tiempo indispensable para criar.
La Canasta de Crianza pone un número sobre una parte de esa realidad. La discusión que queda abierta es cómo se distribuyen entre las familias, los progenitores, el mercado laboral y el Estado el dinero, el tiempo y las responsabilidades necesarias para criar a un niño en Jujuy.
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La magistrada jujeña destacó el valor de generar una escucha efectiva hacia niñas, niños y adolescentes durante la entrega de 300 ejemplares del libro “Historias que dan miedo”. Además, sostuvo que la protección de sus derechos requiere una responsabilidad compartida entre la familia, la escuela y los distintos espacios de la comunidad.
La jueza de Jujuy Dra. Emma María Mercedes Arias destacó la necesidad de avanzar hacia una escucha efectiva de las problemáticas que atraviesan niñas, niños y adolescentes, al participar de la entrega de 300 ejemplares del libro “Historias que dan miedo”, una producción vinculada al proyecto desarrollado desde el Bachillerato Provincial N° 2.
En diálogo con el periodista Juan Quispe del diario Urgente Jujuy, Arias puso el acento en una diferencia que consideró fundamental al momento de abordar las situaciones que afectan a los adolescentes: no limitarse a oír lo que expresan, sino escucharlos y actuar a partir de aquello que manifiestan.
“Se trata de escuchar realmente y no de oír a los adolescentes, sino de escucharlos y tomar medidas al respecto”, expresó.
La definición cobra especial relevancia dentro del espíritu de “Historias que dan miedo”, un proyecto que reúne experiencias y relatos de estudiantes y que busca generar herramientas de expresión, acompañamiento y abordaje de situaciones complejas que atraviesan los jóvenes.
300 nuevos ejemplares
Durante la entrevista, la magistrada explicó cuál fue su participación en esta nueva etapa del proyecto. Precisó que se encargaron de la impresión de los 300 ejemplares, mientras que la administración y distribución del material estará a cargo de la institución educativa en el marco del proyecto de alfabetización al que pertenece la iniciativa.
“Nosotros solamente nos encargamos de la impresión. La administración de los 300 ejemplares de esta primera etapa la hace directamente la escuela con el proyecto de alfabetización al que pertenece”, indicó Arias.
De esta manera, el nuevo material continuará bajo la órbita del proyecto educativo que dio origen a la experiencia.
“Todos tenemos que participar”
Consultada sobre el papel que tienen los primeros vínculos y particularmente las familias frente a las distintas problemáticas que atraviesan actualmente los adolescentes, Arias planteó que la responsabilidad no puede recaer exclusivamente sobre un único actor.
Para la jueza, el acompañamiento debe comenzar en el ámbito familiar, pero extenderse a la escuela y a los diferentes espacios en los que los jóvenes desarrollan su vida cotidiana.
“El trabajo necesariamente tiene que ser de todos: iniciar en la casa, con los padres, en la escuela, en el barrio, en el club. Todos tenemos que participar en el cuidado efectivo de los derechos de los chicos”.
La magistrada planteó así una mirada de responsabilidad compartida, en la que familia, instituciones educativas y comunidad forman parte del entramado necesario para detectar situaciones que afectan a los adolescentes y brindar respuestas.
De escuchar a intervenir
Las declaraciones de Arias se produjeron en el marco de una iniciativa que pone justamente la voz de los estudiantes en el centro.
En ese sentido, su planteo introduce además una segunda instancia: la escucha no debería agotarse en conocer lo que le sucede a un adolescente, sino traducirse en medidas concretas cuando la situación requiere una intervención.
La entrega de los 300 ejemplares representa una nueva etapa para “Historias que dan miedo”, una experiencia surgida en el Bachillerato Provincial N° 2 que busca abrir espacios para que las situaciones atravesadas por los jóvenes puedan ser expresadas, escuchadas y abordadas.
Y para Arias, ese desafío excede a la escuela: comienza en la familia y compromete también a las instituciones y a la comunidad en su conjunto.
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La profesora Rebeca Juárez explicó cómo creció el proyecto nacido en el Bachillerato Provincial N° 2 y anticipó la impresión de otros 300 ejemplares. Los relatos abordan situaciones atravesadas por estudiantes y buscan generar espacios de escucha, contención y acompañamiento. “El menor no tiene que revictimizarse ni volver a contar su historia”, destacó.
Un proyecto surgido en las aulas del Bachillerato Provincial N° 2 de Jujuy continúa creciendo a partir de las experiencias de sus propios estudiantes. Se trata de “Historias que dan miedo”, una iniciativa que transforma situaciones difíciles atravesadas por adolescentes en relatos que buscan abrir espacios de escucha y, al mismo tiempo, ayudar a otros jóvenes que atraviesan circunstancias similares.
En diálogo con el periodista Juan Quispe del diario Urgente Jujuy, la profesora Rebeca Juárez, impulsora del proyecto y coordinadora de la Oficina de Escucha y Protección ante casos de bullying y grooming, explicó que se encuentran próximos a concretar la impresión de otros 300 libros, mientras la experiencia iniciada junto a docentes y alumnos del establecimiento continúa ampliándose.
El nombre del proyecto, explicó, encierra un mensaje dirigido principalmente a los adultos.
“Se llaman ‘Historias que dan miedo’ porque a los grandes les da miedo escuchar que a veces nos podemos equivocar. Entonces, desafortunadamente, no escuchamos a los chicos”.
Juárez sostuvo que uno de los principales objetivos es precisamente darles voz a los adolescentes y generar las condiciones para que puedan contar aquello que están atravesando.
“Que los chicos tengan voz y que se escuchen los problemas que ellos atraviesan, las difíciles situaciones, y así poder ayudarlos”, expresó.
Realidades familiares muy diferentes
La docente señaló que las situaciones de los estudiantes son heterogéneas. Mientras algunos cuentan con un fuerte acompañamiento familiar, otros han atravesado vulneraciones de derechos dentro de su propio entorno y también existen jóvenes que directamente no cuentan con una familia que pueda contenerlos.
Según explicó, la posibilidad de hablar sobre esas experiencias produjo otro fenómeno: algunos de los adolescentes que fueron acompañados comenzaron posteriormente a convertirse en referentes y contención para otros jóvenes.
“Ahora ellos son contenedores de otros chicos que, al escuchar sus historias, al leer sus historias, se animan a hablar y así nos podemos ayudar”, señaló.
El proyecto también incorporó una dimensión educativa. Juárez indicó que la experiencia se encuentra enmarcada en el Plan de Alfabetización de la Provincia y que los estudiantes que desean continuar como voluntarios y promotores deben mantener aprobadas sus materias.
“Luego que logramos activar los protocolos, atenderlos, protegerlos y ellos sanar sus heridas, para continuar y ser voluntarios, promotores en el proyecto, deben tener todas las materias aprobadas”, explicó.
Bullying: escuchar también a quien agrede
Uno de los aspectos que destacó Juárez es el abordaje de las dos partes involucradas en una situación de bullying.
Algunos de los relatos reconstruyen una misma experiencia desde la mirada del estudiante que sufrió el acoso y desde la del joven que ejerció la agresión.
Para la docente, la intervención no debería limitarse exclusivamente a quien fue víctima.
“El estudiante, el joven, no ataca por sí mismo, sino porque tiene un dolor que es muy pesado y por eso agrede. Así que no nos ocupamos de uno de los chicos, sino de ambas partes”, explicó.
Entre las historias también mencionó la de un joven que llegó a vivir en un descampado y que, después de años de acompañamiento y participación en diferentes actividades, actualmente cuenta con una vivienda y dos títulos habilitantes. Hoy, aseguró Juárez, ese mismo joven colabora activamente con el proyecto.
Una oficina para evitar que los chicos tengan que contar una y otra vez lo ocurrido
Durante la entrevista, Juárez también se refirió al funcionamiento de la Oficina de Protección y Escucha ante situaciones de grooming y bullying y al mecanismo utilizado cuando un adolescente pide ayuda.
Explicó que trabajan mediante una red para activar los protocolos correspondientes y canalizar las intervenciones institucionales.
Durante la Fiesta Nacional de los Estudiantes, según relató, los jóvenes pudieron acceder mediante un código al número de contacto de la oficina. A partir de esa primera comunicación, el objetivo es que sean los propios equipos quienes articulen las actuaciones necesarias.
Juárez remarcó especialmente un principio: evitar la revictimización del niño o adolescente obligándolo a repetir sucesivamente aquello que le ocurrió ante diferentes organismos.
“Una vez que se comunican, nosotros nos encargamos de todo. El menor no tiene que revictimizarse ni volver a contar su historia. Por eso es un espacio de escucha segura. Nosotros nos ocupamos de protegerlos”.
De esta manera, aquella experiencia que comenzó dentro del Bachillerato Provincial N° 2 con docentes y estudiantes fue ampliando su alcance. Con una nueva impresión de 300 ejemplares de “Historias que dan miedo”, sus impulsores buscan que los testimonios no permanezcan únicamente como relatos personales, sino que permitan que otros adolescentes puedan identificar situaciones de violencia, animarse a hablar y encontrar una red de acompañamiento.
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